prensa, y en cambio dejan fermentar laaceituna y pierden en la
pasta comprimida una parte del jugo.
Así viven, pobres y miserables, los labradores de la Meseta. El
mediohace al hombre. El contraste es irreductible, entre unos y
otrosmoradores de España, mientras el medio no se unifique.
Porque no podránpensar y sentir del mismo modo unos hombres
alegres que disponen deaguas para regar sus campos y cultivan
intensivamente sus tierras, ytienen comunicaciones fáciles y
casas limpias y cómodas, y otros hombresmelancólicos que
viven en llanuras áridas, sin caminos, sin árboles, sincasas
confortables, sin alimentación sana y copiosa...
Vuelvo a Madrid. Yo quisiera decir algo de ese clérigo que he
visto enMaqueda, sucesor, a través de los siglos, del buen
clérigo delLazarillo. He hecho el viaje por saturarme de estos
recuerdos denuestros clásicos. No basta leerlos; hay que
vivirlos: contemplar elmismo paisaje que columbraron
Cervantes o Lope, posar en los mismosmesones, charlar con los
mismos tipos castizos—arrieros e hidalgos—,peregrinar por los
mismos llanos polvorientos y por las mismasanfractuosas
serranías.
