«Antes que la noche viniese—dice el Lazarillo de Tormes—di
conmigo enTorrijos.» Cuando yo llego, las blancas fachadas de
las casas se sumenen la penumbra; brillan sobre el arroyo
débiles franjas de luces quearrojan los portales, y por las
callejuelas tortuosas, en todo elpueblo, con clamorosa greguería
de gruñidos graves, agudos,suplicadores, iracundos, corren los
cerdos...
La hermosa iglesia de Torrijos la ha fundado una mujer.
Esta buena mujer no quiere ponerse sus trajes suntuosos, pero
se lospone por complacer a su marido. Y cuando se los pone se
dirige al Señory le dice: Tú, Señor, sabes que nunca estos arreos
y vestidos mepluguieron. Y se queda un poco satisfecha,
pensando que lo hace porobligación. ¿Qué va a hacer una señora
bonita, rica, y que además tieneque presentarse todos los días
ante los reyes? Porque su marido escomendador mayor y
contador mayor de los Reyes Católicos. Ella se llamadoña
Teresa Enríquez y él don Gutierre de Cárdenas. Viven con
granatuendo; pero ella hace muchas limosnas, es piadosa,
recuerda siempre asu marido que sea escrupuloso en el despacho
de los negocios, y sobretodo que los despache pronto. Y don
Gutierre la atiende, como esnatural, tratándose de quien se trata,
pero le choca un poco estaoficiosidad de su mujer. Y muchas
veces le dice, «muerto de risa» (segúncuentan los historiadores),
