pámpanos, secos, rojos, corren enremolinos por los bancales; el
cielo está de color de plomo; llueve,llueve con un agua
menudita durante días enteros. Y Azorín, ya recogido,tras los
cristales, oye a lo lejos la melodía lenta y triste del piano.
Hace dos días ha llegado a Petrel un señor que representa a
unos milesde hombres, que viven aquí, ante otros pocos
hombres que se reúnen enMadrid. Estos hombres se juntan en
un ameno sitio llamado Congreso. Eneste sitio hablan, pero de
pie, inmóviles. No son peripatéticos. A pesarde esto, a Azorín le
son simpáticos todos estos hombres que hablansiempre.
—Sarrió—ha dicho Azorín—, este hombre a quien llamamos
diputado esun excelente señor. Él estrecha todas las manos,
acoge todas lasdemandas, contesta con una sonrisa todos los
enfados. Es un hombresimple y bueno. Y como a mí me encanta
la simpleza, anoche, en un ratode ocio, compuse en su honor una
liviana fabulilla. Hela aquí:
EL ORIGEN DE LOS POLÍTICOS
Cuando la especie humana hubo acabado de salir de las manos
de Dios,vivió durante unos cuantos años contenta y satisfecha.
Dios tambiénestaba contento. Decididamente—pensaba—, he
hecho una gran obra. Miscriaturas son felices; les he dado la
belleza, el amor y la audacia, ypor encima de todo, como don
supremo, he puesto en sus cerebros lainteligencia.
