Read The Great
Gatsby
FREE.
Click Here

Try it FREE or V.I.P. Sign-up Now. It's Quick and Easy!

Free-Ebooks.net is the internet's #1 online source for free ebook downloads, resources and authors
Y no había nadie, ¡nadie! Aullaba un perro en una callejuela. Los serenosque dormitaban en
las esquinas, sentados cerca de su linterna, selevantaban al oir el paso de los caballos, saludaban,
y se iban a lolargo de las aceras perezosos y distraídos.... Los faroles mortecinosbrillaban de
trecho en trecho con luz rojiza en la obscuridad de lascalles, como cirios en funeraria pompa.
Unos cuantos minutos y estaría yo a la cabecera de la enferma. Laspulmonías y las fiebres
perniciosas son terribles en Villaverde, pocosancianos las resisten, y mi pobre madrina,
achacosa, débil, extenuadapor largos padecimientos, tendría que sucumbir. Pero no, por qué, si
laqueríamos tanto... si era tan buena, tan cariñosa... ¡si era unasanta!
—Por aquí, señor, por aquí llegaremos más pronto...—me dijo Mauricio,que iba a mi lado.—
Yo conozco muy bien las calles, porque antes veniayo todos los días a vender leche.
Le seguí sin oir lo que el mancebo decía. ¡Cómo resonaba en la calledesierta el paso de las
cabalgaduras!
—¡Aquí!—exclamó Mauricio, deteniendo el caballo.
—No es aquí....
—Sí, señor.
—El zaguán estaba abierto. Por una de las ventanas salía un torrente deluz.
Lo comprendí todo. Sentí que se me desgarraba el corazón, que la sangrese me subía al
cerebro. Al apearme del caballo ví, sin quererlo, elcadáver de mi madrina. Estaba velado con un
lienzo blanco.
Andrés me recibió en sus brazos.
—¡Bien te lo decía el corazón!
Vacilante, sin saber lo que hacía, me dirigí a la sala, apoyado en elnoble servidor que no podía
contener los sollozos.
Tía Pepa salió a mi encuentro, reclinó en mi hombro la encanecidacabeza, y sin decir una
palabra me abrazó fuertemente.
LXIII
Cuando regresamos del cementerio me retiré a mi cuarto. Allá me siguióAndrés. Sentado
cerca de mi pretendía distraerme con no sé qué historiasde mi infancia. Yo le oía sin contestar.
De pronto entró mi tía.
—Rorró: ¿te dieron una carta de Angelina?
—No.
 

READ THIS BOOK AS

* For VIP Members Only. To access these formats usable with Kindle, Sony Reader, iPad and other readers, please upgrade


Do you like this book? yes no
LIKES (0)
DISLIKES (0)


Free-eBooks.net, Paradise Publishers Inc.