Read The Great
Gatsby
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—«Así,—pensaba yo,—así se van las alegres ilusiones, así sedesvanecen las más risueñas
esperanzas: La vida es un perpetuo dolor. Lopasado nos entristece con el recuerdo del bien
perdido; en lo presenteno encontramos la dicha; lo porvenir nos llena de espanto...»
«¿Será cierto que el dolor es el triste patrimonio de la míserahumanidad? ¿Será cierto que no
es posible la realización de nuestros másnobles deseos? Malógrense enorabuena los planes del
malvado; disípensecomo la niebla los proyectos del perverso; pero ¿por qué han de serinútiles y
vanos todos los pensamientos generosos, todas lasdesinteresadas aspiraciones de la juventud?
¿Será cierto que la maldadnos acecha por todas partes? ¿Será verdad que el vicio se disfraza
conel blanco traje de la virtud, y que la flor más bella está comida degusanos? ¿Si es una
verdadera miseria vivir en la tierra, no es mejormorir cuando no hemos probado aún las
amarguras de la vida?»
«Me dí a pensar en mi suerte. Me ví solo en el mundo, sin padres, sinparientes, sin amigos.
¿Quiénes me amaban? Dos ancianas que estaban, sinduda, a orillas del sepulcro; un pobre
médico, rendido al peso de losaños; un buen servidor; un maestro de escuela, enfermo y
miserable; unaniña desgraciada, huérfana, condenada a padecer. La desdicha y elinfortunio nos
habían juntado, y serían siempre nuestros compañeros...»
«A veces me sentía dichoso, feliz; aleteaban en mi alma las mariposillasde la ilusión; me
sonreía la esperanza, y soñaba con aurorasprimaverales y venturosos días. Y ¿qué era todo eso?
Delirios,fantasías, locuras de muchacho que no sabe nada de la vida. ¡Ah! Si mefuera dable
matar en mí esta voluntad, siempre activa, siempreinquieta.... No buscar la felicidad, huir del
dolor...»
Entregado a estas ideas pasé largo rato, cerrados los ojos, de codos enla roca, oculto el rostro
entre, las manos. Había obscurecido y erapreciso volver a la ciudad. El caserío estaba iluminado
y el firmamentotachonado de luceros. Un fulgor de plata inundaba el horizonte, y allá,tras los
picachos de la Sierra, surgía la luna llena, espléndida ymagnífica.
XLVII
A las cuatro de la tarde ya todo estaba listo. Tía Pepilla arregló mipetaca en dos por tres, y
concluída la faena me dijo cariñosamente,echándome los brazos:
—Rorró... ¿no vas a despedirte de tus amigos?
—¿Amigos?
—Sí; el doctor, tu maestro, Ricardito Tejeda....
—Sí, iré, es natural... tiene usted razón. Pero no veré a Ricardo....
—¿Por qué, Rodolfo? Te quiere mucho... desde niños fueron amiguitos.Si tú vieras... cuando
estabas en el colegio, siempre que venía avacaciones, o de paseo, no dejaba de visitarnos. Y nos
decía: «DoñaPepita: yo quiero mucho a Rorró, mucho; somos muy buenos amigos;
 

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