das una palabra de consuelo? Pues yo sí, y tú también, tútambién, porque eres bueno. Por eso te
quiero, por eso te amo.
«La última parte de tu cartita me dejó muy contenta de tí. Así tequiero, así te soñé, así debes
ser siempre con tu Linilla.
«Tengo aquí en el corazón una cosa que me apena, y quiero decírtela;pero me falta tiempo
para escribir. Pablo ha de salir a las tres, sonlas doce y media, aun no he visto si la mesa está
lista, y ya sabes quemi papá come a la una en punto; suena el reloj, y no bien acaba de darla hora
ya le tienes en el comedor, dando palmadas y pidiendo la sopa.
«Pablo te entregará una cajita; en ella va un pañuelo; he bordado elmonograma en los ratos
desocupados. Dice papá que está muy bonito; le hagustado mucho, y creo que a tí te parecerá lo
mismo.
«Cuida mucho de tus tías, principalmente de doña Carmelita; mira que legusta mucho que la
mimen. ¿La ves así, que es tan seca y adusta? Puessin cariño no puede vivir.
«Vivo por tí y... sólo para tí, tu
Estuvo escribiendo hasta después de media noche. A esa hora salí alpatio y corté los ramos
más lindos de «myosotis» para meterlos en micarta y que llegaran a manos de Angelina.
«Ahí van—escribí—esas flores de color de cielo, tan amadas de miLinilla. Son las primeras
que brotaron en el cuadro que tú sembraste.Está lindísimo; parece llovido de chispas de zafiro.
Me encantomirándole y pensando en tí.
«Linilla mía: me has ganado la apuesta. Tus plantas han florecido antesque las mías; pero eso
no es porque tú me quieras tanto como yo tequiero a tí. Las mías no dan ni esperanzas, pero ya
florecerán, y sepondrán más hermosas que las tuyas, lo cual será prueba de que yo teamaré toda
mi vida.
«He tenido un gran disgusto en estos últimos días; un disgusto que me hacausado gran pena.
Bien vista la cosa no era para tanto, y acaso hepasado días muy amargos sin que hubiese motivo
para ello. El día que nosveamos te contaré todo. ¿A qué perder el tiempo en referir
cosasdesagradables? No te pongas a cavilar en esto. Chismes villaverdinos...¡y nada más!
«Debo decirte que hace tres días me separé de la casa de don Juan. Eldoctor me ha conseguido
un empleo, muy bueno, en la hacienda de SantaClara, que, como tú sabes, es del señor
Fernández, el papá deGabrielita, tu compañera de Conferencia. Estuve en la casa de esecaballero
que es muy buena persona; me recibió con mucha cortesía, comoa un amigo, no como a
empleado, nos arreglamos en un dos por tres, y eldía 15 salgo para la hacienda. Yo siento mucho

