Read The Great
Gatsby
FREE.
Click Here

Try it FREE or V.I.P. Sign-up Now. It's Quick and Easy!

Free-Ebooks.net is the internet's #1 online source for free ebook downloads, resources and authors
Me retiré de la botica triste y afligido. ¿Y si la calumnia aquella,corriendo de boca en boca,
llegaba a oídos del señor Fernández? Este mecerraría las puertas de su casa, me negaría el
empleo, ordenaría que mevigilasen los demás empleados.... ¿Y si la calumnia llegaba hasta
mistías?... ¡Las pobrecillas se morirían de pena!
Es la calumnia como los miasmas de los pantanos: se levantan del fangoen leve, imperceptible
burbuja; se extienden, se difunden, envenenanlos aires, y llevan la muerte a todas partes. En
todas partes nosacechan: en el aire, en el agua, en los frutos incitantes que esmaltanlos follajes,
hasta en el aroma de las flores.
Muere el calumniado, pero la calumnia sobrevive, como para perseguir ala víctima hasta más
allá de la tumba. La calumnia es la fetidez de lasalmas corrompidas. El corazón del calumniador
es un esterquilinio.
Corrí a mi casa, me encerré en mi cuarto, y me tendí en la cama. Missienes ardían; el corazón
se me hacía pedazos. Volviéndome yrevolviéndome en mi lecho pasé dos o tres horas. ¡Odio,
odio terrible,deseos insaciables de venganza, que era preciso satisfacer!... Laspasiones más
horrendas se agitaban en mi alma; las tinieblas del mal seagrupaban en torno mío, y al entornar
los ojos percibía yo fulgoresrojizos, relámpagos de sangre. Aborrecí la vida; maldije de ella;
pedíla muerte, quise morir, morir, y no para escapar de mis enemigos, sinopara libertarme de
aquellas pasiones tempestuosas que entenebrecían miespíritu y batallaban dentro de mí como
legiones de irritados demonios.Pensé con alegría en la muerte. Dulce, amable, consoladora,
surgió antemis ojos como una doncella pálida, de rostro tristemente risueño.... Sindarme cuenta
de lo que hacía yo, mis labios repetían estos versos deLeopardi, leídos, pocos días antes, en las
notas de un libro francés:
«Solo aspettar sereno
Quel di ch'io pieghi addormentato il volto
Nel tuo virgineo seno.
XLIII
Entró la noche, llegó la hora de la cena, y tía Pepilla vino en buscamía.
—Muchacho: ¿qué tienes? ¿estás enfermo?
Tocóme en la frente y en las mejillas para ver si tenía yo calentura, yacariciándome
dulcemente prosiguió:
—¿Qué te pasa? Dímelo, muchacho, dímelo.... No hay en tu rostro laserenidad de siempre.
Algo ha pasado que te apena.... Tú padeces....¡Habla, Rorró, habla por Dios! ¿Con quién has de
quejarte si no es connosotras?
—¡Nada, tía, nada!... He dormido toda la tarde, y la modorra me tieneasí. ¡Vamos a la mesa!
 

READ THIS BOOK AS

* For VIP Members Only. To access these formats usable with Kindle, Sony Reader, iPad and other readers, please upgrade


Do you like this book? yes no
LIKES (0)
DISLIKES (0)


Free-eBooks.net, Paradise Publishers Inc.