intereses de los Estados Unidos platistas, que el de estrechar losvínculos de todas las naciones de
América. Carece, pues, completamentede fundamento la versión de un escritor franco-argentino,
de que Martífuera partidario de la anexión de Cuba a los Estados Unidos, cuando, porel
contrario, veía en ellos un peligro para la independencia. Creo, sinembargo, que sus temores eran
infundados a este respecto, como lo hademostrado la conducta de aquella nación, para terminar
la guerra yestablecer el gobierno propio de la isla y estoy convencido de que notienen
ambiciones de predominio sobre la América latina. Mr. Elihu Rootme dijo durante su visita a
esta capital, que los Estados Unidos nuncaanexionarían a Cuba y tengo la más absoluta
confianza en la sinceridadde este gran estadista americano.
Los últimos años de la vida de Martí en Nueva York me son pococonocidos. Su última carta
me revelaba un estado moral deprimido por elexceso del trabajo, que había creado en su
organismo una excitaciónnerviosa. «Tengo horror a la tinta, me decía, y desearía huir a
losbosques, aunque me crecieran las barbas verdes, para no ver papeles nisentir las fealdades de
las gentes». Pasaron algunos años, durante loscuales solo tuve noticias de él por intermedio de
un amigo, cuando undía recibí un telegrama en que me decía: «deberes ineludibles me llamana
mi patria y necesito su ayuda, mándeme por cable quinientos dólares».Mi situación en aquel
momento era difícil y me fue imposible ayudarlo.Tengo, pues, el remordimiento de no haber
contribuido con esa suma a laindependencia de Cuba, puesto que en esos días salía Martí de
Nueva Yorkpara reunirse con el general Máximo Gómez e invadir la isla, iniciandola nueva
insurrección que dio por resultado la terminación del dominioespañol.
La noticia de su muerte en los primeros combates librados entre cubanosy españoles me
produjo hondo pesar. Consideraba a Martí uno de loshombres de más talento que me había sido
dado tratar y su muerterepresentaba no solo una pérdida irreparable para Cuba, de la que
habríasido uno de sus preclaros presidentes, sino para la América latina toda,pues desaparecía el
escritor genial en quien el fuego de la solidaridadamericana brillaba con resplandores que
iluminaban ambos continentes.
Notas de Arte (Colombia), agosto 15 de 1910
Le conocí y traté en New York el año de 1891.
Me consagró su amistad. La amistad es la única rosa que no tieneespinas. La única fuente
arrulladora que no tiene lodo.
Fui su amigo—en el trajín social—de pocos meses.
Soy su amigo perdurable por el recuerdo y la memoria.
