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Amistad Funesta -Novela

Y la madre parecía que quería adelantar una objeción; y la mujerhermosa, que en realidad, en
fuerza de la plácida beldad de Leonor,había concebido por ella un tierno afecto, decía
precipitadamente estasbuenas razones, que la madre veía lucir delante de sí, como
puñalesencendidos.
—Porque usted ve, doña Andrea, que la posición de Leonor en el mundo, vaa ser sumamente
delicada. La situación a que están ustedes reducidas lasobliga a vivir apartadas de la sociedad, y
en una esfera en que, por sumisma distinción natural y por la educación que está recibiendo,
nopuede encontrar marido proporcionado para ella. Acabando de educarse enmi colegio como
interna, se rozará mucho más, en estos tres años, conlas niñas más elegantes y ricas de la ciudad,
que se harán sus amigasíntimas; yo misma iré cuidando especialmente de favorecer
aquellasamistades que le puedan convenir más cuando salga al mundo, y le ayudena mantenerse
en una esfera a que de otro modo, sin más que su belleza,en la posición en que ustedes están, no
podría llegar nunca. Hermosa einteligente como es, y moviéndose en buenos círculos, será
mucho másfácil que inspire el respeto de jóvenes que de otro modo la perseguiríansin respetarla,
y encuentre acaso entre ellos el marido que la hagaventurosa. ¡Me espanta, doña Andrea—dijo la
directora que observaba elefecto de sus palabras en la pobre madre—, me espanta pensar en
lasuerte que correría Leonor, tan hermosa como va a ser, en el desamparoen que tienen ustedes
que vivir, sobre todo si llegase usted a faltarle!Piense usted en que necesitamos protegerla de su
misma hermosura.
Y la directora, ya apiadada del gran dolor reflejado en las facciones dedoña Andrea, que no
tenía fuerzas para abrir los labios, ya deseosa dealcanzar con halagos su anhelo, había tomado las
manos de doña Andrea, yse las acariciaba bondadosamente.
Entró Leonor en este instante, y en el punto de verla, fue como si lostorrentes de llanto
apretados por la agonía se saliesen al fin de susojos; no dijo palabras, sino inolvidables sollozos;
y se lanzó alencuentro de su hija, y se abrazó con ella estrechísimamente.
—Yo no iré, mamá, yo no iré—le decía Leonor al oído—, sin que lo oyesela directora; aunque
ya Leonor le había dicho a esta que, si quería doñaAndrea, ella quería ir.
A los pocos momentos doña Andrea, pálida, sentada ya junto a Leonor, aquien tenía de la
mano, pudo por fin hablar. ¡Porque era ceder a cuantole quedaba de don Manuel, a aquellas
noches queridas suyas de silencio,en que su alma, a solas con su amargura y con su niña,
recordaba yvivía; porque conforme se había ido apartando de todo, en sus hijas, yen Leonor,
como un símbolo de todas ellas, se había refugiado, con latenacidad de las almas sencillas que
no tienen fuerza más que para amor;porque dar a Leonor era como dar todas las luces y todas las
rosas de lavida!
Por fin pudo hablar, y con una voz opaca y baja, como de quien habla demuy lejos, dijo:
—Bueno, señora, bueno. Y Dios le pagará su buena intención. Leonor sequedará en el
colegio.
Y ya hemos visto en los comienzos de esta historia que estaba Leonor apunto de salir de él.
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