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Amistad Funesta -Novela

y no para mí que no estuve más sano nunca. Y ello esque tengo acierto, y ya me he ganado mi
poco de reputación, sin más quesaber como está hecho el cuerpo humano, y haber traído
conmigo elmilagro del iodo. Y el del cariño, que es otro milagro; en el que andocon tacto, y con
rienda severa, no vaya la humanidad a parecervergonzosa adulación, aunque es rara la claridad
del alma, y como finuraen el sentir que embellece, por entre palabras pícaras, y disputas yfritos y
guisos, esta vida de campamento». Hasta aquí de sus cartas.Triunfal fue la marcha de Martí por
los campos de Cuba libre: por dondequiera que pasaba iba dejando—como dicen que
proclamaba José Maceo—,vergüenza y alegría. Más de diez veces les habló Martí a
fuerzascubanas en guerra y siempre les dejó la mente en alto y el almacontenta. ¡Todavía viven
algunos de los que oyeron a caballo y con lamano a la cintura su elocuencia arrebatadora:
todavía viven algunos delos que le vieron sin cansancio y sin fatiga andando con el rifle
alhombro por las montañas agrias, por los pedregales ásperos, por los ríoscreídos, por las
ciénegas espantables.
Y llega el 19 de mayo, el día aciago, el día tremendo. El sol lucía enel zenit. Martí y Masó
estaban acampados en Vuelta Grande cuando llegóel General Gómez y fue como un jubileo el
campamento. Masó y Martí yMáximo Gómez le hablaron a las fuerzas y fueron vitoreados y
aclamados.A poco avisan las avanzadas que estaban cerca de Dos Ríos la proximidaddel
enemigo. De Vuelta Grande a Dos Ríos había poco más de una legua.Los soldados cubanos,
entusiasmados por las arengas que acababan de oír,a vuelo de caballo se ponen frente a los
contrarios. En breves momentosel combate se generaliza; la atmósfera se preña de humo y olor
apólvora; el aire es épico. Entonces es que Martí, desmadejado elcabello, los ojos fúlgidos y
relampagueantes, el pecho henchido deorgullo, enardecido, arrebatado, impaciente por el
sacrificio e inquietopor la emulación, invita a la carga a su ayudante Ángel la Guardia—
aquelfiero aguilucho caído en Victoria de las Tunas—, aviva con las espuelassu noble bruto, y
gozoso como un niño que ha crecido un palmo, y como sihubiera alcanzado a ver, reducido a la
pequeñez de un montón de carnehumana, todo el Gobierno de rencores, de insultos, de envidias,
demezquindades, de ambiciones, de la oligarquía esquilmadora que le vejabasu tierra, se echa
sobre los rifles enemigos y cae acribillado abalazos, con la limpieza y majestad de un Dios, del
brazo de la muerteque es inmortal, y coronado por la fulgente claridad del martirio y dela
gloria.... Así terminó, así se obscureció para siempre, la lámparapura y serena de aquel gran
cerebro, «dictador de genio»; así dejó delatir aquel gran corazón, profesor de virtudes; así, entre
chocar deaceros y estampidos de fusilería, pasó el gran Apóstol a ser huéspedeterno de la
suprema luz. Allí, en los campos de Dos Ríos, campos yapara siempre memorables, se apagó
aquel astro inmenso que parecíainmortal; allí cayó peleando por la independencia de su
patria,arremetiendo contra los defensores de la tiranía, la cabeza imperialdescubierta y nutrida de
leyendas y de asombros, con el alma en el aire,el batallador infatigable que fue para los cubanos,
con sus racimos depalabras y sus manantiales de ternuras, como otra isla sonora yespiritual....
Allí, a aquellos campos, en silencio, que recogieron suúltima mirada y su último suspiro y que
supieron también del primergrito de desolación y de angustia que arrancó a los suyos su caída;
allídebieran ir en legiones los cubanos vivos, a purificarse y a lavarse desus culpas y pecados.
Allí, a aquellos campos donde entregó su vida elhéroe más puro y grande del poema de hierro de
nuestras guerras deindependencia, debieran ir los que ahora, olvidados de todo lo que nosea su
personal interés, ponen la patria de cabalgadura y de látigo lagloria que conquistaron en su
defensa; los prácticos eternos que nopiensan ni por un momento en la gloria de morir peleando
por la libertady sí en lo cómodo de vivir, aunque sea de rodillas, a los pies de losamos del
momento; los que no saben que hay algo más triste que seresclavo, y es mostrar que no se es
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