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Amistad Funesta -Novela

En efecto; esta novela vio la luz a raíz de fracasados intentos paralevantar en armas, de nuevo,
a nuestra tierra, intentos que no apoyóMartí estimando que el plan no era suficiente ni el
momento oportuno;brotó de su pluma cuando—en desacuerdo con los caudillosprestigiosos,
únicos capaces, con sus espadas heroicas y legendarias, dedespertar el alma guerrera cubana—
parecía oscurecido, para siempre, enla política; fue engendrada en horas de la mayor penuria, en
las que, noobstante, rechazando las tentaciones de la riqueza y sin otra guía quesu conciencia ni
otro consuelo que su inquebrantable fe en la Libertad,sus principios no capitularon.
A una miseria por palabra se pagó este trabajo, elevado de pensamiento,galano de estilo, con
enseñanzas—como todo lo suyo—para suscompatriotas; con algo de su propia existencia.
No sé que el Maestro, en otras ocasiones, cultivase este ramo literario;pero su traducción de
Called back, de Hugh Conway—por la cual una casaeditora le concedió, como gran generosidad,
cien pesos—, luego conbrillante vestidura y el nombre de Misterio vendida por millares, y
laversión suya, que talmente parece un original, amorosa y admirable, deRamona de Hellen Hunt
Jackson—buscada en vano en las librerías—, sonprueba evidente de que a haber dispuesto de
oportunidad y sosiego paraello, hubiera, también, triunfado en la Novela. No le faltaban
elementospor su conocimiento de la realidad del mundo y sus pasiones, anhelos ytorturas; le
sobraba fantasía para hacerla resaltar; espléndido lenguajecon que exponerla.
Ni sus versos, ni parte de su correspondencia, ni sus artículos dedoctrina y de propaganda, ni
sus pensamientos ni su biografía heolvidado; pero cumpliendo con lo principal que él nos
enseñó—el serviciode Cuba—poco se ha podido terminar y solamente ha habido tiempo paraeste
volumen—y reunir los homenajes a su memoria que van en el mismoprenda de que aquí, en los
lejanos montes de Turingia, donde aun vibranentre pinos seculares las liras de Goethe, Schiller y
Wieland, ¡piensoen él y en la patria!
Oberhof, 4 de julio de 1911.
Gonzalo de Quesada
La Nación, Buenos Aires, diciembre 1.º de 1909
A principios del año 1888 llegué a Nueva York en cumplimiento de unamisión profesional, y
una de mis primeras diligencias fue [ir] a buscara Martí cuyas correspondencias a La Nación me
habían impresionadovivamente, revelándome un talento superior y un alma
eminentementeamericana. Encontrele en su despacho del consulado oriental en FrontStreet, una
de las antiguas calles de la gran metrópoli y apenas llamé ala puerta se adelantó a recibirme
diciéndome: ¿Es usted el señor Tedín?(un amigo común le había anticipado la visita), a la vez
 
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