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Amaury

derecho a abandonarles; perono paso a creer que haya nadie en
el mundo que tenga sobre mí másderecho que mi hija.
»Parece increíble la facilidad con que dudamos a veces de las
cosas mássimples. Ya rogaré a Cruveilhier o a Jaubert que
ocupen mi lugar.»
16 de mayo.
«Tan felices son que en mí se refleja su júbilo. No dejo de
comprenderque el aumento de amor hacia mí que en ella
advierto no es otra cosa queun desbordamiento del que le
profesa a él; pero a veces lo echo enolvido, como quien viendo
una representación dramática, llega aimaginarse que presencia
escenas de la realidad.
»Hoy le he visto venir tan regocijado que me privé de entrar
en lahabitación de mi hija para no obligarles a que se hiciesen
violenciadelante de mí.
»¡Ah! Son tan escasos en la vida estos momentos que, como
dicen muy bienlos italianos, es un crimen ponerles tasa cuando
se tiene la dicha dedisfrutarlos.
»Unos minutos después paseaban los dos por el jardín. Este es
su edén.En él están más aislados, sin que por eso estén solos;
pero abundan losárboles tras de los cuales pueden estrecharse la
mano, y recodos en quepueden acercarse el uno al otro.
»Contemplábales yo oculto tras de mi ventana y veía por entre
las lilasbuscarse sus manos y confundirse sus miradas. También
ellos parecíannacer y florecer, como las plantas que los
rodeaban. ¡Oh, primavera,juventud del año! ¡Oh juventud,
primavera de la vida!
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