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Amaury

—¿Y por qué no le cita usted para esta misma noche?—
preguntó Antoñita,que por encima del hombro de su tío leía lo
que éste iba escribiendo.
—Porque serían muchas emociones juntas, para mi pobre hija.
Ahora irása decirle que le he escrito ya y que crees que vendrá
mañana por lamañana.
Y haciendo entrar al ayuda de cámara de Leoville le entregó
larespuesta.
VII
Cuando al día siguiente despertó Magdalena, a quien la intensa
emociónsufrida había rendido hasta el extremo de dejarla
sumida en un soporprofundo, era ya bien entrada la mañana.
Llamó a su doncella y le mandó que abriese las ventanas.
Por el muro exterior trepaba un frondoso jazmín a la sazón en
plenaflorescencia y cuyas ramas penetrando algunas veces en la
estanciaembalsamaban el ambiente con el fragante aroma de sus
flores.
Magdalena, como todo temperamento nervioso, adoraba las
flores y susperfumes, que por cierto le eran muy perjudiciales, y
pidió que lediesen su jazmín acostumbrado.
Antonia paseábase ya por el jardín sin otro abrigo que un
sencillopeinador de batista. Su salud robusta permitiale hacer
muchas cosas quea Magdalena le estaban vedadas en absoluto.
La hija de Avrigny, bien arropada en su lecho, tenía que pedir
que leacercasen las flores; en cambio Antonia corría a buscarlas
con laligereza de un pájaro, sin miedo a la brisa matutina y al
 
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