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Amaury

»¡Ah! ¿Cuándo podré saber si la sentencia pronunciada por
usted es demuerte o es de vida? Una noche es a veces infinita y
ocasiones hay enque una hora puede convertirse en un siglo.
»Adiós, querido tutor. ¡Haga el Cielo que el padre enternezca
al juez!¡Adiós!
»Perdone a la fiebre que me devora el desorden y la
incoherencia de estacarta, que comienza con la frialdad de un
documento comercial y quequiero terminar con un grito salido
de lo más hondo de mi pecho y quedebe hallar eco en el suyo.
»Amo a Magdalena, padre mío, y no podría vivir si usted o
Dios meseparase de ella.
»Su adicto y agradecido pupilo
»Amaury de Leoville.»
Después, Amaury tomó el diario en el cual apuntaba día por
día lospensamientos, las sensaciones y los hechos más notables
de su vida,encerró en un sobre el manuscrito y la carta, y
llamando al criado lehizo llevar el paquete a su destino, mientras
él quedaba con el corazónagitado por la ansiedad y la
incertidumbre.
V
Cuando Amaury cerraba la carta que queda transcrita, el señor
de Avrignysalía de la estancia de su hija para encerrarse en su
despacho.
El doctor estaba pálido y tembloroso y en su semblante
notábanse lashuellas de un profundo pesar. Se acercó en silencio
a una mesa atestadade papeles y libros, inclinó la cabeza, que
 
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