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Amaury

Por más que quiso replicar Antoñita, no le fue posible, pues
susinvitados se aproximaron para despedirse, y se fue Amaury
con ellos sinque le fuese dable agregar a lo dicho una palabra.
XLVII
El día siguiente lo pasó Amaury esperando una carta que,
según élsuponía, no dejaría Antoñita de enviarle para pedirle
explicacionesacerca de sus palabras de la noche anterior; pero
en vano se cansó deaguardar.
A la noche siguiente, que era jueves, dio principio el tercer
período,de auge y bienandanza para Felipe, y de caída terrible
para Raúl, sinventaja alguna para Amaury, el primer
desahuciado.
No se atrevía Felipe a dar crédito a la realidad, y era
realmentegracioso ver al pobre muchacho en el pináculo de la
dicha comunicandosus impresiones de felicidad a dos censores
tan adustos, a dos rivalestan formidables como Amaury de
Leoville y Raúl de Mengis.
El infeliz no tan sólo no supo colocarse a la altura de su
inmerecidasuerte, sino que se hallaba como asustado de tanta
fortuna, confesándoseindigno de ella, y evitando las distinciones
de que era objeto por partede Antoñita, con un gesto que
imploraba la clemencia de sus dos rivales,quienes por su parte
aparentaban, no enterarse de nada, mostrando porsistema una
indiferencia glacial.
Esto no era obstáculo para que cada uno de lo desairados
hiciese acercadel caprichoso y raro proceder de Antoñita,
comentarios nada favorablespara el último agraciado.
 
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