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Amaury

momento de general distracción, acercose aAntoñita, y en voz
baja y con amargo acento le dijo:
—¿Sabe usted, Antonia, que manifiesta honrar con muy poca
confianza aun amigo y a un hermano, ya que tal me considero?
Conoce usted, sinduda, el proyecto del conde de Mengis y
aprueba su plan de casarla consu sobrino...
Antoñita manifestó su desagrado con un ademán.
—¡Si no lo censuro! pero entiendo que no hay motivo para que
se aparteusted de mí, rehuyendo mi presencia como la de un
importuno que lamolestase, sólo por haber hallado el hombre
que sin duda llena susaspiraciones. Yo apruebo su elección,
pues opino que no es posiblehallar un hombre a la vez más
inteligente, noble y rico que el vizcondede Mengis.
Escuchaba estas palabras con asombro Antoñita, pero no sabia
con quérazones interrumpirlas ni impugnarlas; sólo cuando
Amaury hubo concluidopudo exclamar:
—¡Casarme con el vizconde!...
—¿Y por qué no? ¿A qué fingir así?—dijo Amaury.—Yo no
he de hallarextraño que le haya dicho a usted lo mismo que a mí
me ha revelado;máxime, cuando sus propósitos armonizan con
los de usted y también,según parece, con sus inclinaciones.
—Pero, Amaury, yo le juro a usted...
—¡Extraño tesón! no hay para qué jurar ni negar nada; insisto
en quetiene usted razón y en que no podía ser su elección más
acertada.
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