Not a member?     Existing members login below:

Amaury

presente y de losproyectos que su sobrina había trazado para el
porvenir.
Antonia procuraba evadir la conversación siempre enojosa;
pero el doctorinsistió diciendo con alegre y serena sonrisa:
—Oye, Antoñita, no trates de engañarme, hazte cargo de la
realidad.Presiento ya mi fin, y mi alma que, en efecto, está más
impaciente queel cuerpo, empieza por abandonar a intervalos
este mundo para volar alotro en ensueños y divagaciones. Este
es mi estado y podrás creerme queme congratulo de ello, porque
el hecho de que un cerebro se rebelecontra mi voluntad es un
síntoma de lúcido y antes de que me abandonedel todo, quiero
pensar en ti, querida hija de mi hermana, para que tumadre me
reciba allá arriba con satisfacción. Primeramente: ¿A
quiénsueles recibir en tu casa, Antoñita?
La sobrina del doctor empezó a nombrar a aquellas de sus
antiguasamistades que no habían cesado de visitar la casa de la
calle deAngulema, citando por último a Felipe Auvray.
El enfermo recapacitó.
—¿Ese Felipe Auvray no es amigo de Amaury?
—Sí, señor.
—¿Uno muy elegante?
—¡Oh! no, tío.
—Pero joven y de gran posición, ¿no es eso?
—Sí.
—¿Noble?
—No.
Remove