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Amaury

AMAURY A ANTONIA
«Colonia, 10 de diciembre.
»Se queja usted, Antoñita, de que le hablo poco de mí. Ahora
mismo voy acastigarla escribiéndole una carta egoísta hasta la
exageración.Comenzaré por dedicarme dos o tres páginas, y así
tendré el derecho deconsagrarle luego algunas líneas. ¿Quedará
usted con ello satisfecha?
»Ya estoy en Colonia, o mejor dicho frente a Colonia: en
Deutz.
»Desde mi balcón de la fonda de Bellevue veo el Rhin y la
ciudad.Esta, al ponerse el sol, ofrece un aspecto por demás
fantástico. Elastro del día se oculta detrás de ella y enciende el
fondo del cuadrohaciendo destacarse las casas y las agujas de las
iglesias entremaravillosos efectos de claroscuro. El río corre, y
sus aguaspresentando variados reflejos, ya rojos, ya oscuros,
siniestros casisiempre, completan la sorprendente belleza de la
espléndida puesta desol.
»Yo me extasío ante ese cuadro que la catedral domina con sus
dosciclópeas torres.
»Cuando los arquitectos inspirados por la fe y pagados por la
vanidadhumana hayan terminado su obra, ya el sol no podrá
hacer brillar lamajestad de Dios al través del edificio
transformando en hornoresplandeciente el abismo que forman
los dos sublimes fragmentos de esamagna obra del hombre.
»Contemplo el cuadro con el interés de un artista.
»Lo confieso: me gusta esta ciudad que a un tiempo es antigua
y esmoderna, que es venerable y coqueta, que piensa y ejecuta.
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