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Amaury

»Algunas veces vienen a visitarme los antiguos amigos de mi
tío y supresencia rompe en tales ocasiones esta monotonía de mi
vida. Pero, sihe de ser sincera, diré que sólo dos nombres oigo
pronunciar conagrado.
»Es el primero el del conde de Mengis, pues él y su esposa se
muestranconmigo muy amables y me tratan como a una hija.
»El segundo nombre, Amaury, es el de su amigo Felipe
Auvray. Este es elúnico que sin ser sesentón tiene entrada en mi
casa, y yo le recibo enpresencia de la señora Braun,
naturalmente. Y si goza tal privilegio,bien sabe Dios que no lo
debe a su insulsa conversación, sino a lacircunstancia de ser
amigo de usted, hermano mío.
»El me habla poco de usted, pero en cambio le hablo yo, y
como él leconoce tanto, aprovecho esa circunstancia y aun
abuso de ella siempreque viene a verme. Cuando entra me
saluda, y si hay otra visita guardasilencio con aire meditabundo
y se contenta con mirarme de un modo taninsistente que yo
acabo por sentirme desazonada y molesta.
»Si me encuentra sola con la señora Braun se muestra más
animado; peroasí y todo, me veo obligada a soportar casi todo el
peso de laconversación, que indefectiblemente recae sobre
Magdalena o sobre usted.
»No debo ocultar esta confesión a un hombre de sentimientos
tan nobles ydelicados como usted... El cariño es el alimento del
alma, y ustedconstituye el único afecto de mi infancia, el único
que hoy tengo y elúnico que me resta en lo futuro.
»Con toda sinceridad le declaro que me consume este
aislamiento en quevivo, y del cual me quejo a usted porque en
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