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Amaury

XXXIX
AMAURY A ANTONIA
«15 de octubre.
»Estoy ahora en Amsterdam.
»Por mucha que sea mi indiferencia hacia el mundo exterior,
queridaAntonia, por honda que sea mi abstracción, por atraído
que me sientahacia el abismo en que se hundieran todas mis
ilusiones, no puedo menosde admirar a este pueblo holandés tan
activo y flemático, metódico ycodicioso, sedentario y nómada al
mismo tiempo, que tan fácilmente setraslada a las costas
asiáticas, pero que antes va a Java, al Malabar oal Japón que a
París.
»Los holandeses vienen a ser los chinos de Europa y los
castores de lahumanidad.
»Recibí en Amberes su carta, cuya lectura fue muy grata para
mi, queridaAntoñita. Sus consuelos son muy tiernos y mi herida
muy profunda. Mas noimporta: siga usted escribiéndome y
hábleme de su persona. Le suplicoque así lo haga. Hace usted
mal en creer que me pueda ser indiferenteaquello que le
concierne.
»Dice usted que su tío está cambiado. No debe usted
inquietarse por eso,Antoñita. A cada cual se le ha de desear lo
que más apetece, y siendoasí que cuanto más abatido se siente él
está más contento, tenga ustedpor seguro que cuanto peor le
parezca que se encuentra tanto mejorjuzgará estar el doctor.
»Quiere usted que le hable de Magdalena, y si he de decir
verdad nosabría de qué hablar si no hablo de ella; nada hay
 
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