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Amaury

la ventana de laestancia que daba al patio la abrió. Aun pudo ver
que se abrazaban denuevo y cambiaban algunas palabras que
ella logró adivinar más bien queoyó.
—¡A Ville d'Avray, a reunirme con mi hija!—decía el doctor.
—¡A Alemania, llevándome a mi amada!—respondía Amaury.
—¡Y yo—exclamó Antonia,—aquí en esta casa desierta me
quedo con mihermana... y con el remordimiento de mi amor!—
agregó separándose de laventana para no ver la partida de los
coches y con la mano puesta sobreel corazón como queriendo
amortiguar sus latidos.
XXXVII
AMAURY A ANTONIA
«Lille, 16 de septiembre.
»Por una casualidad, querida Antoñita, me veo precisado a
detenerme enLille unas cuantas horas y aprovecho la ocasión
para escribirle estacarta.
»Cuando entrábamos en la ciudad se ha roto el eje del coche, y
a causade este contratiempo he tenido que meterme en la posada
más cercana. Veausted por qué mi egoísmo aumenta hoy su
pena haciendo gravitar sobreella todo el peso de la que a mí me
devora.
»Antes de salir de París, sentí que no podía alejarme sin ir
adespedirme de Magdalena; así, después de traspasar la barrera,
he hechoque mi carruaje diese la vuelta a los bulevares
exteriores y a las doshoras estaba yo en Ville d'Avray.
 
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