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Amaury

De pronto se oyó la campanilla que llamaba a la doncella, y al
propiotiempo entró Antoñita seguida de la señora Braun.
—¡Dios eterno!—exclamó Antoñita.—¿Qué le pasa, Amaury,
que está ustedtan pálido? ¿Y Magdalena? ¿en dónde está?
—¡En su cama! ¡muy enferma!—exclamó el joven.—Entre
usted a verla,señora Braun, que la necesita.
La inglesa corrió a la estancia que Amaury le indicaba con la
manomientras que Antoñita le preguntaba:
—¿Y usted por qué no entra?
—Porque me han cerrado la puerta y me han echado de esta
casa.
—¿Quién?
—¡El! ¡el padre de Magdalena!
Y tomando el sombrero y los guantes, Amaury huyó como un
loco delpalacio de Avrigny.
III
Cuando Amaury entró en su casa encontró a un amigo que le
estabaaguardando. Era un joven abogado condiscípulo suyo en
el colegio deSanta Bárbara primero, y en la facultad de derecho
más tarde. Tenía, conpoca diferencia, la misma edad que
Amaury. Vivía con desahogo, puesdisfrutaba de una renta que
podría estimarse en unos diez mil pesos;pero no era, como su
compañero, de esclarecido linaje.
Se llamaba Felipe Auvray.
Por el ayuda de cámara tuvo Amaury noticia de aquella visita
inoportunay su primera intención fue subir directamente a su
 
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