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Amaury

reclama la muerte.Los dos amores que me quedan en este
mundo no pueden compensar el quetengo allá, en el otro. Justo
es que nos separemos porque nuestrasmiradas deben dirigirse
hacia puntos muy distintos; las de Amaury y lastuyas hacia lo
futuro, que aún contiene promesas y esperanzas; las míashacia
lo pasado, donde está concentrada mi existencia. Nuestros
caminosson muy diferentes, y mi determinación inquebrantable
y sorda a todasúplica es la de vivir desde hoy completamente
solo, aislado en absolutode la sociedad humana. Parecerá que lo
que estoy diciendo es egoísta, ypido perdón por ello; pero no
hay otro remedio; no es cosa deentristecer con mi desesperación
la juventud floreciente de los doshijos que me restan. Lo mejor
que podemos hacer es separarnos y seguircada cual nuestro
camino que respectivamente habrá de conducirnos a lavida y a
la tumba.
El doctor hizo aquí una breve pausa y luego prosiguió:
—Ahora voy a decir cómo pienso emplear los pocos días que
me restan deexistencia. Desde hoy viviré solo con José, mi
criado más antiguo, enVille d'Avray. No saldré de casa sino para
visitar la tumba deMagdalena, que no tardará también en ser la
mía, y no recibiré a nadie,ni a mis mejores amigos, que deben
considerarme como muerto desde estedía porque yo no
pertenezco ya a este mundo. Únicamente el día primerode cada
mes podrán verme dos personas que me contarán sus cosas y
aquienes yo explicaré mi estado. ¿Necesitaré decir quiénes son
esos dosseres que gozarán de tan exclusivo privilegio?...
—¡Ay! ¿Qué será de mí sin usted, querido tío?—exclamó
Antonia, anegadaen lágrimas.—¿Qué voy a hacer yo, sola y
abandonada? ¡Pobre de mí!
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