Not a member?     Existing members login below:

Amaury

carta en que arriesga su fortuna y buscando como él unpostrer
recurso en lo más hondo de su inteligencia.
Al otro lado Amaury, tratando de sonreír no hacía en realidad
otra cosaque llorar.
A los pies de la cama el sacerdote, con semblante noble y
grave,contemplaba a la pobre moribunda elevando de vez en
cuando sus ojoshacia el Cielo adonde su espíritu habría de volar
pronto.
Súbitamente apareció Antoñita en el marco de la puerta,
quedándose en lasombra que envolvía uno de los ángulos del
cuarto.
—No intentes ocultarme tu llanto, Amaury—decía Magdalena
con acentocariñoso.—Si no viese las lágrimas en tus ojos me
avergonzaría yo delas que asoman a los míos. Si lloramos, no es
nuestra la culpa: ¡Es quees muy triste separarse a nuestra edad,
cuando la vida nos parecía tanbuena y veíamos el mundo tan
hermoso! Pero lo más terrible, lo que másme horroriza, es dejar
de verte, Amaury, no estrechar ya tu mano, noexpresarte mi
agradecimiento por tu amor, no dormirme esperando que teme
aparezcas en mis sueños. Déjame que te contemple por última
vez parapoder acordarme de ti en la eterna noche de mi
sepulcro.
—Hija mía—dijo el sacerdote.—En compensación de las
cosas queabandona usted en este mundo, gozará la gloria del
paraíso.
—¡Ay! ¡Yo lo tenía en su amor!—suspiró Magdalena.
Y alzando la voz, añadió:
Remove