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Amaury

atrás; pero con ladiferencia de que el nuevo accidente había sido
una grave recaída.
XXVII
AMAURY A ANTONIA
«¿Viviré o moriré?
»Esta es la pregunta que me hago día por día al ver cómo
pierde fuerzasMagdalena y se desvanecen todas mis ilusiones.
Le juro a usted,Antoñita, que al entrar por la mañana en su
cuarto no le pregunto a supadre por mera fórmula:
»—¿Cómo vamos?
»Así, que al responderme:—«Está peor», me asombro de que
no mediga.—«¿Estás peor?»
»Ya no puedo recrearme en mis ensueños. Mi incredulidad se
rebeló en unprincipio contra el fallo de la ciencia; pero hoy mi
esperanza vadebilitándose. Antes del otoño Magdalena ya no
será de este mundo.
»Pero crea usted, Antoñita, que tendrán que abrir dos tumbas.
»¡Oh, Dios mío! No pretendo blasfemar, pero considero que
habrá sidobien triste y bien miserable mi destino en esta vida.
Habré llegadohasta el umbral de toda felicidad para caer al
pisarlo; habré columbradotodas las alegrías para no alcanzar
ninguna; me habré visto desposeídode todos los dones de la
suerte, que me habrán sido arrebatados uno auno. Siendo rico,
joven y amado, ¿podía desear yo otra cosa que vivir?¡Y lejos de
eso moriré cuando Magdalena, que es mi vida, exhale elpostrer
aliento!...
 
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