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Amaury

»Tu tío
»Leopoldo de Avrigny
XXV
Veamos lo que había acontecido.
Cuando terminó su carta Amaury salió de su cuarto teniendo la
fortuna deno tropezar con nadie. Atravesó el salón, se paró un
momento a escucharjunto a la puerta del cuarto de Magdalena y
no oyendo ningún ruidosupuso que habría aparentado que se
acostaba para engañar a la señoraBraun. Entonces se dirigió a la
escalinata y bajó al jardín.
Por las ventanas del aposento de Magdalena no salía ni un
rayo de luz.En medio de la oscuridad en que estaba envuelto el
edificio, tan sólouna ventana aparecía iluminada en aquella
amplia fachada: la del doctorAvrigny.
Amaury dirigió a ella su mirada, sintiendo en su pecho la
inquietud deun vago remordimiento.
Por Magdalena velaban a un mismo tiempo su padre y su
novio; pero ¡cuándiferente era el objeto de esta vela! Velaba el
uno por amordesinteresado, consultando la ciencia para tratar de
arrebatarle a lamuerte su presa casi segura; velaba el otro por un
amor egoísta quehabía aceptado la cita solicitada sabiendo lo
fatal que podía seraquella entrevista para la que la pedía.
Hubo un momento en que Amaury sintió vehementes deseos
de retroceder yde decirle a Magdalena a través de la puerta de su
cuarto:
—¡No salgas, Magdalena! Tu padre vela y podría venir a
sorprendernos...
 
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