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Amaury

»—Aún no estoy bastante fuerte para soportar las fatigas del
viaje,pero papá asegura que dentro de quince días podré
ponerme en camino sinningún inconveniente. Así, pues, tu
marcharás y yo iré tras de ti;mientras tú cumples en Nápoles tu
comisión, yo iré a aguardarte a Niza,adonde llegarás casi al
mismo tiempo que yo, gracias al vapor. ¡Oh! ¡Quéhermosa
invención es la del vapor! ¿verdad? Para mí, Fulton ha sido
elhombre más grande de las edades modernas.
»—¿Y cuándo debo partir?—le pregunté.
»—El domingo por la mañana—respondió sin titubear
Magdalena.
»Me acordé, Antoñita, de que usted llegaba el lunes de Ville
d'Avray ypensé en que no la vería antes de mi marcha. Iba a
decirle esto aMagdalena, cuando prosiguió diciendo:
»—Partes de aquí el domingo por la mañana; tomas la posta
hasta Châlons(escúchame: todo esto me lo ha explicado papá);
desde Châlons sigues tuviaje por el río hasta Marsella, y de aquí,
en un buque del Estado quesale el día primero de cada mes, vas
a Nápoles en seis días. Te concedoel plazo de diez días para
desempeñar tu comisión. En diez días puedehacerse mucho ¿no
te parece? Al expirar ese plazo emprendes el viaje devuelta, y a
fines de julio llegas a Niza, en donde estaremosaguardándote
desde el 15 o el 20. Sólo se trata de seis semanas deausencia,
pasadas las cuales nos reuniremos bajo aquel hermoso cielopara
no volver a separarnos ya más. Niza constituirá nuestra tierra
depromisión, nuestro paraíso recobrado. Después que las suaves
brisas deItalia me hayan acariciado dulcemente devolviéndome
la salud del cuerpoy me haya restaurado tu amor el vigor del
espíritu, nos casaremos;entonces papá volverá a París y nosotros
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