Not a member?     Existing members login below:
263 Bestsellers Instantly Yours When You Name Your Price Here

Amaury

—No esperaba menos de ti, Amaury. ¡Gracias, hijo mío,
gracias!—exclamóel doctor sonriendo por primera vez desde
hacía quince días.—Ahora escuando a modo de recompensa por
tu abnegación puedo decirte: Esperemos.
XXI
Al otro día, el doctor, seguro ya de que Magdalena no sufriría
por elmomento ninguna recaída, comenzó a salir de casa para
dedicarse a susquehaceres habituales. Tenía que ir a palacio para
explicar al rey suconducta y debía también visitar al ministro de
Negocios Extranjerospara recordarle su promesa relativa a la
misión que se encargaría aAmaury.
Con sobrada razón podía haber dicho el doctor que el enfermo
era él,pues en aquellos quince días había envejecido quince
años, y aunque nopasaba de los cincuenta y cinco, había
encanecido su cabeza porcompleto.
Cuando regresó a su casa llevaba la seguridad de que el día
que quisiesetendría a su disposición la carta diplomática.
Al entrar se encontró con Felipe en el umbral.
Desde la noche del baile, Auvray había ido todos los días, sin
faltaruno, a informarse del estado de Magdalena. Solía recibirle
Antoñita, ydespués que ésta partió, era José quien le daba las
noticias. No quisopreguntarle nada a Amaury, porque, según su
modo de ver las cosas,exigíale su dignidad que le pusiera mala
cara; pero Leoville no advirtiónada de esto, porque no se
acordaba ya de la existencia de su antiguoamigo.
El señor de Avrigny, que estaba enterado de las atenciones o
interés deFelipe, le dio las gracias mientras le estrechaba la
mano cariñosamente.Después se dirigió al cuarto de su hija.
 
Remove