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Amaury

hasta la puerta, y porcasualidad no se fijó en que a la sazón
estaba yo detrás de ésta.
»—¿Verdad—le dijo,—que los acontecimientos parece que
adivinannuestros deseos y se adelantan a ellos?... ¿Qué piensas
de todo esto?
»—Pienso que no habíamos contado con la ambición y que los
quecalumnian a esa debilidad humana hacen muy mal en ello...
¡Cuántosdefectos hay que a veces son más beneficiosos que las
propias virtudes!
»Así, creerá mi hija que me quedo en París por ambición.
»¡Todo sea por Dios! Quizás esto sea lo mejor.»
XV
En los días sucesivos nada vino ya a turbar la alegría de los
novios, ydurante una semana pudo verse asomar a todos los
labios la sonrisa, sinque la menor sombra flotase en el ambiente
ni pudiese vislumbrarse queentre los cuatro corazones reunidos
allí había dos amargados por la penaque allá en la soledad hacía
a sus semblantes recobrar la tristeexpresión oculta bajo la
ficción del disimulo.
Cierto es que el padre de Magdalena tan alarmado como antes
por elestado de su hija, no la perdía de vista en los contados
momentos quepasaba en casa.
Desde que había quedado acordado su casamiento, Magdalena
estaba ajuicio de todos más robusta que nunca; pero los ojos del
médico y delpadre alcanzaban a ver en ella síntomas de dolencia
física y moral quea todas horas se manifestaban claramente.
 
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