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Algo de Todo

novedad no hay en los métodos de explicación de laciencia? ¿Qué riqueza de
pensamientos no cabe y no se descubre en loscaminos por donde la Santa llega a la
ciencia, la comprende y la enseñay declara? Para Santa Teresa es todo ello una ciencia
de observación,que descubre o inventa, digámoslo así, y lee en sí misma, en el seno
máshondo de su espíritu, hasta donde llega, atravesando la oscuridad,iluminándolo
todo con luz clara, y estudiando y reconociendo su serinterior, sus facultades y
potencias, con tan aguda perspicacia, que nohay psicólogo escocés que la venza y
supere.
Rousselot concede a nuestros místicos, y sobre todo a Santa Teresa, estegran valor
psicológico: la compara con Descartes: dice que Leibnitz laadmiraba; pero Rousselot
niega casi la trascendencia, la virtud, lainspiración metafísica de la Santa.
Puntos son estos tan difíciles, que ni son para tratados de ligera, nipor pluma tan
mal cortada e inteligencia tan baja como la mía.
Me limitaré sólo a decir, no que sé y demuestro, sino que creo ycolumbro en Las
Moradas, la más penetrante intuición de la cienciafundamental y trascendente; y que
la Santa, por el camino delconocimiento propio, ha llegado a la cumbre de la
metafísica, y tiene lavisión intelectual y pura de lo absoluto. No es el estilo, no es
lafantasía, no es la virtud de la palabra lo que nos persuade, sino lasincera e
irresistible aparición de la verdad en la palabra misma.
El alma de la Santa es un alma hermosísima, que ella nos muestra consencillo
candor: esta es su psicología: pero, hundiéndose luego la Santaen los abismos de esa
alma, nos arrebata en pos de sí, y ya no es sualma lo que vemos, sin dejar de ver su
alma, sino algo más inmenso queel éter infinito, y más rico que el universo, y más
luminoso que un marde soles. La mente se pierde y se confunde con lo divino; mas no
quedaallí aniquilada e inerte; allí entiende aunque es pasiva; pero luegoresurge y
vuelve al mundo pequeño y grosero en que vive con el cuerpo,corroborada por aquel
baño celestial, y capacitada y pronta para laacción, para el bien y para las luchas y
victorias que debe empeñar yganar en esta existencia terrena.
Lo que la Santa escribe como quien cuenta una peregrinación misteriosa,lo que
refiere como refiere el viajero lo que ha visto, cuando vuelve desu viaje, no ganaría, a
mi ver, reducido a un orden dialéctico: antesperdería; pero sería, sin duda, provechoso
que persona hábil acertase ahacer este estudio para probar que hay una filosofía de
Santa Teresa.
Yo, señores académicos, deseoso de responder pronto y lo menos mal quepudiera a
mi pariente y amigo, me comprometí para hacerlo hoy, sincontar con los males y
desazones que en estos días han caído sobre mí.He tenido poco tiempo de que
disponer: tres días no más, por esto hesido más desordenado e incoherente que de
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