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Algo de Todo

suberuntpriscae vestigia fraudis: quedarán no pocos restos de las pasadastunanterías y
miserias.
(a) Publicada en La Revista de España, en el año de 1870
Si esto pudo decir el Cisne de Mantua, tratándose de un milagro tangrande, de un
caso sobrenatural que lo renovaba todo y que todo lopurificaba, ¿qué extraño es que
después de una revolución, al cabo hechapor hombres, y no por hombres de otra casta
que la nuestra, sino porhombres de aquí, educados entre nosotros, haya aún no poco
que censurary no poco de que lamentarse? Pues qué, ¿pudo nadie creer con
seriedadque la revolución iba en un momento a hacer que desapareciesen
todosnuestros males, todos los vicios y los abusos que la produjeron? Larevolución
podrá, a la larga, si es que logra afirmarse, corregir muchosde estos males, vicios y
abusos; pero en el día es inevitable queaparezcan aún. Aparecerían, aunque los que
combatieron en Alcolea en prode la revolución hubieran sido unos ángeles del cielo,
de lo cual niellos presumen, ni nadie les presta el carácter, la condición y lavirtud
sobrehumana.
Mediten bien lo que acabo de decir aquellos que vieron con júbilo larevolución, que
la aceptaron y hoy se arrepienten, y aquéllos tambiénque siempre la tuvieron por un
mal y que siguen con más ahíncoteniéndola por un mal en el día de hoy. Medítenlo, y
ya conocerán que nohay mal ahora que no se derive de los pasados, como se deriva de
lapremisa la consecuencia; como nace el retoño de la raíz de toda plantaantigua, si no
se arrancó de cuajo y si no se extirpó; operación másdifícil de lo que se piensa.
No es esto afirmar que el estado de nuestro país sea delicioso,envidiable y
floreciente. Nada menos que eso. En nuestro país hay muchodesabrimiento,
muchísimo mal humor, y un disgusto enorme. Y no hay querastrear demasiado, ni que
sumirse en oscuras profundidades paradesentrañar la causa. La causa es que donde no
hay harina, todo esmohína. El mal, fundamento de todos los males, es entre nosotros
laescasez de dinero, o para valernos de término más comprensivo, lapenuria o la
inopia. En nuestra época nos dolemos más de este mal,porque la aspiración y el
conocimiento del bien contrario están másdifundidos, no porque el mal sea nuevo. De
atrás le viene el pico algarbanzo, como dice el refrán. Sería, pues, una insolencia
exigir de larevolución que renovara el milagro de pan y peces, o que convirtiera
laspiedras en hogazas. ¿Qué ha de hacer la revolución sino lo que siemprese ha
hecho? Esto me retrae a la memoria el modo de saludar que suelentener en algunos
lugares de Andalucía, y que no puede ser ni más castizoni más propio. Salen dos
hidalgos a tomar el sol muy embozados en suscapas, y se encuentran al revolver de
una esquina.—«Hola, compadre,dice el uno: ¿cómo vamos?»—Y el otro contesta:
«Trampeando: ¿y V.,compadre?»—«Trampeando, trampeando también,» replica el
que hizo lapregunta. Así nada tienen que echarse en cara, y se van juntos de paseo,en
buen amor y compaña.
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