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Algo de Todo

mes de María. Lasgolondrinas, que ahora son respetadas porque le arrancaron a Cristo
conel pico las espinas de la corona, serían perseguidas y muertas, y noacudirían todos
los años a hacer el nido en el alero del tejado o dentrode la misma casa, ni saludarían
al dueño con sus alegres píos ychirridos. Todo para la mujer estaría muerto y sin
significado, faltandola religión. La pasionaría perdería su valor simbólico; y hasta el
amoral novio o al marido o al amante, que ella combina siempre con elpresentimiento
de deleites inmortales, y que idealiza, hermosea yensalza con mil vagos arreboles de
misticismo, se convertiría encualquiera cosa, bastante menos poética.
Tal es, en general, la mujer de la provincia de Córdoba. Si entrásemosen
pormenores, sería este escrito interminable. En aquella provincia,como en todas, hay
mil grados de cultura y de riqueza, que hacen variarlos tipos. Hay además las
diferencias individuales de caracteres y deprendas del entendimiento.
He omitido un punto muy grave. Voy a tocarle, aunque sea de ligero,antes de
terminar el artículo. Este punto es el filológico: el lenguajey el estilo de la cordobesa.
La cordobesa, por lo común (y entiéndase que hablo de la jornalera o dela criada, y
no de la dama elegante e instruida), aspira la hache.Tiene además notable propensión
a corroborar las palabras con sílabasfuertes antepuestas. Cuando no se satisface con
llamar tunante acualquiera, le llama retunante; y no bastándole con Dios,
exclama:¡Redios! En varios pueblos de mi provincia, así como en muchos de
lospueblos de la de Jaén, es frecuentísima cierta interjección inarticuladaque se
confunde con un ronquido. La cordobesa, por último, adorna sudiscurso con mil
figuras e imágenes, le salpimenta de donaires ychistes, y le anima con el gesto y el
manoteo.
El adverbio a manta se emplea a cada instante para ponderar oencarecer la
abundancia de algo. Las voces mantés, manteson,mantesada y mantesonada,
mantesería y mantesonería, salpican ollenan tanto todo coloquio como en Málaga la
de charran y susderivados. Más singular es aún el uso del gerundio en diminutivo,
paraexpresar que se hace algo con suavidad y blandura. Así, pues, se dice:«Don
Fulano se está muriendito. La niña está deseandito casarse, orabiandito por novio.»
En la pronunciación dejan un poco que desear las cordobesas. La zeda yla ese se
confunden y unimisman en sus bocas, así como la ele, laere y la pe. ¿Quién sabe si
sería alguna maestra de miga cordobesala que dijo a sus discípulas: «Niñas, sordado
se escribe con ele yprecerto con pe»? Pero si en la pronunciación hay esta anarquía,
enla sintaxis y en la parte léxica, así las cordobesas como loscordobeses, son
abundantes y elegantísimos en ocasiones, y siemprecastizos, fáciles y graciosos. No
poca gente de Castilla pudiera ir porallá a aprender a hablar castellano, ya que no a
pronunciarle.
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