y León, asombrándose de quehubieran madrugado tanto los
insignes dueños y señores del caserón dePeleches.
EÑOR don Claudio! No podía usted llegar más a
tiempo ni en mejorocasión... ¡Catana!... ¡Catana!... ¿Café?
¿chocolate? ¿cosa detenedor?... Con franqueza, don Claudio: lo
que más apetezca y mejor lesiente a estas horas... ¡Catana!...
—Pero, señor don Alejandro, ¡si yo no acostumbro a
desayunarme hastamás tarde! Cabalmente he venido tan de
madrugada, por averiguar de sussirvientes, mientras ustedes
descansaban, qué era lo que habían echadomás en falta anoche,
para disponer con tiempo el remedio. ¡Cómo había desospechar
yo que después de las fatigas del viaje?...
—Pues ahí verá usted. ¿Y si le digo que hace ya más de una
hora queandamos de ronda por toda la casa, de pieza en pieza y
de balcón enbalcón, mira aquí y asómbrate allá?...



