que había para realizarlos:una de ellas el desánimo de sus
colaboradores para dar el dinero que senecesitaba.
—Por eso no quede—dijo la otra en ademán trágico de
aficionadocasero:—nosotras somos ricas; y por el bien y por la
honra deVillavieja, daremos hasta las enaguas.
Maravillas la estrechó la mano en silencio, y se largó
prometiendo queEl Fénix Villavejano no se haría esperar
mucho.
Nada de esto ni de otro tanto más sabía Leto aquella tarde;
como nosabía que habiendo husmeado estas cosas los Vélez
desde su palomar de laCostanilla, y manifestado por aquellos
días el entristecido Manriquepropósitos de intimar el trato de los
Bermúdez para realizar undeterminado plan que había ideado y
declaró a su hermana, ésta le dijo,irguiéndose pálida y seca,
como una tibia muy grande:
—Te juro que arderá este palacio por las cuatro esquinas, en
cuanto túme traigas a él una cuñada de esa traza.
Por lo cual había renunciado Manrique Vélez, a casarse con
NievesBermúdez.


