usted solo; almacénelas adentro, y a la hora menos
pensada,suelte el acopio entero y verdadero para que se vea y se
estime en sulegítimo valor: ya parecen cosas diferentes, y hasta
resulta montaña loque quiso usted que resultara granito de
salbadera, o al revés... Porsupuesto, voy hablando de lo que me
pasa a mí de ordinario, para venir aparar a que lo que ha de
asombrarle a usted, sin llegar a entenderloclaro, viéndolo
derramado en esta carta, le hubiera asombrado menos y lohabría
apreciado mejor siendo testigo presencial de los sucesos.
»De todas maneras, ríase o no se ría de la confidencia,
guárdela usted yténgala siempre como prenda segura del
entrañable afecto que le profesasu mejor y más agradecido
amigo


