Se quedó en ello y se habló algo de la partida campestre de la
mañana yde los dibujos de Leto; hasta que se dio por terminada
la tertulia,yéndose a cenar los de casa y a la calle los de fuera.
UERIDÍSIMA Virtudes: ¡Cómo me habrás puesto, allá
a tus solas! ¡Quécosas habrás pensado de mí! Al despedirme de
ti en Sevilla, muchaspromesas; y después, si te he visto no me
acuerdo. No te lo digo porquesea verdad, sino porque imagino
que lo dirás tú cuando me tienes en lamemoria. Ni es verdad
eso, ni siquiera de su casta... Es decir, verdades que te prometí
escribirte a menudo, y verdad que no lo he hecho hastahoy; pero
no es verdad que me haya olvidado de ti, ni podría serloaunque
yo hubiera querido y tú te hubieras empeñado en ello también.
Yome acuerdo de ti todos los días y a todas horas: lo que hay es
que conlos mejores propósitos de escribirte «mañana» cada vez
que apago la luzpara dormirme, viene el diablo con una trampa
de las suyas en cuanto medespierto... y hasta la otra. Porque tú
pensarás que en una soledad comola de Peleches, hasta por
recurso de distracción debiera ser yo muydiligente en escribirte,
y que cuando no lo hago ni siquiera paraentretener el fastidio
que debe de estar consumiéndome, señal es de queno me



