razón de su cortedad, llegaría a resultarle lo
contrario...Entonces, satisfecho él... gozosa ella... todos
contentos yentretenidos... Rufita González... escribir a Méjico...
Leto marafuera... Nachito con enaguas... ella huerita y
pintando... ¿quécosa?... ¿con quién?...
Se le enredaban y confundían las especies; y la procesión de
antes, connuevas visiones ensartadas en el hilo entre las otras,
volvía adesfilar, pero a la inversa: de la zona de la luz, medio a
obscuras ya,a las profundidades más sombrías del cerebro. Pasó
el último fantasma alextinguirse el último destello de la luz;
acabaron de cerrarse lospárpados entreabiertos; cayó sobre la
almohada el perfil de la lindacabeza, y se quedó Nieves dulce y
profundamente dormida.
—XIII—
Las primeras semanas
ESPUÉS de haberla temido tanto Nieves, le resultó
hasta entretenida latarea de pagar las visitas que debía entre las
recibidas de losvillavejanos en Peleches; porque, bien mirado el
asunto, tenía su ladooriginal y pintoresco; y ella, al fin y al cabo,
era algo artista y muyobservadora.
Sorprendió a Rufita González en enaguas y en pernetas,
huyendo por elpasillo al conocer la voz de los que llamaban,
después que su madre leshabía abierto la puerta. Tuvieron que


