Andando en éstas y otras tales, llegó Catana al saloncillo para
anunciarque estaba la sopa en la mesa; y al disponerse todos
para ir al comedor,Leto, recordando algo de lo que había visto y
oído en Madrid y leídodespués, haciendo un esfuerzo
sobrehumano y dando diente con diente porel temor de pasarse
de fino, o de estar equivocado, ofreció su brazo aNieves, que lo
aceptó placentera y como la cosa más corriente y naturaldel
mundo.
Los demás comensales abrieron paso a la pareja, a la cual
siguieronBermúdez muy complacido, Fuertes algo maravillado,
y don Adrián hastaorgulloso con aquel gallardo arranque del
empecatado muchacho.
URANTE la comida, que fue tan «opípara» como se la
había anunciado enhipótesis don Adrián Pérez a su hijo andando
hacia Peleches los dos,tuvo Leto varias pruebas más de que el
león no era tan fiero como lepintaban: hasta llegó a encontrarse
muy a gusto encerrado en la jaulacon él.



