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Al Primer Vuelo

»Mi amigo, señor y dueño: hallándome imposibilitado de salir
hoy de éstasu casa por la torcedura de un pie (cosa de poca
importancia); ausentemi hijo desde que se fue esta mañana a
hacer una de las suyas, y noqueriendo ser el último de sus
buenos amigos en dar a ustedes labienvenida, se la mando en
estos renglones.
»Mientras llega la ocasión de dársela de palabra, tengo un
señaladoplacer en repetirle que soy de usted verdadero amigo y
seguro servidorq. s. m. b.
»Adrián Pérez.»
—Así habían de hacerse todas las visitas—dijo Nieves—, para
que noresultaran pesadas.
—Pues precisamente es la de este perínclito boticario de las
pocas, sino la única, que yo hubiera recibido hoy con verdadero
placer. Tanto,que mañana mismo he de ir yo a verle.
—¡Ay, papá!—exclamó Nieves alarmada de veras—. ¿Y si
vienen visitasestando yo sola?
—Ya se elegirá una hora conveniente—respondió su padre
paratranquilizarla—. Y a mayor abundamiento, te llevaré
conmigo, ytomaremos el aire de paso, y estiraremos los
tendones; y si vienenvisitas, que vengan; y si se amoscan...
mejor... ¡canástoles! ¡Viva lalibertad de Peleches!
Y se fueron al comedor, triscando como dos chiquillos
después de salirde clase.
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