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Al Primer Vuelo

—Y ¿por qué no ha de serlo?
—En usted, pase, porque está más avezado, es de aquí y lo
tiene ley;pero esta señorita...
—¡A buena parte va usted! Cuando me levanté yo, ya estaba
ella devuelta, como quien dice. ¿No es verdad, Nieves? Hay que
advertir tambiénque antes de acostarnos anoche habíamos
pactado cierto compromiso...Pero que diga ella si le ha pesado la
madrugada...
—¿De manera que la ha gustado la situación de Peleches?
—¡Oh, muchísimo!
—Vaya, pues lo celebro infinito; porque temía yo lo contrario.
—¿Por qué, recanástoles?
—Hombre, acostumbrada a la hermosura y la animación de
una ciudad comoSevilla, nada de particular tendría que al verse
de pronto en unasoledad como ésta...
—¿De modo que donde hay soledad, no cabe belleza ni?... ¿Se
quiereusted callar, alma de cántaro? No le hagas caso, Nieves...
¡Pues,hombre, me hace gracia la ocurrencia! Desde aquí al cielo,
señor donClaudio... Y no me replique, para taparme la boca, que
poco hedemostrado mi entusiasmo por las maravillas de
Peleches volviéndoles laespalda durante tantos años; porque
bien dicho lo tengo por qué ha sidoy cuánto lo he deplorado...
¿Está usted? Pues ahora díganos qué va atomar, porque está
Catana deseando saberlo para servirle en el aire...
—¡Ea! pues ya que ha de ser... lo mismo que ustedes tomen.
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