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Al Primer Vuelo

para toda clase de delitos. Cuando habla deVillavieja, la acusa
del mismo modo, porque está deseando que le echende la
carrera y de aquí. Pone cada mote que no le levanta nadie, por
lobien que cae. Tiene talento y gracia y se deja querer, porque,
despuésde todo, es un lagarto muy apreciable, hombre de bien y
de trato muyameno. Antes jugaba mucho al tresillo; ahora se le
halla casi toda lanoche y parte de la tarde fumando y tomando
café en una mesa, cerca dela de billar, viendo cómo juegan el
hijo del boticario y el Ayudante deMarina, hablando con ellos a
su modo a ratos, y a ratos con dos abogadosy un médico,
jóvenes, de lo más culto y tratable que hay aquí, yconmigo, que
solemos acompañarle...
»Para concluir, mi señor don Alejandro: continúan los
cerdosrevolcándose en las calles sin empedrar, y las gallinas
picoteando elcésped del encachado de la plaza; el casón
histórico, llamado de losCapellanes, se desplomó en abril del
año pasado; está mal sostenido conpuntales lo que queda del
convento de Premostratenses; se va a apuntalarla fachada norte
de las Casas Consistoriales, y en la calle del Cáncamose abrió de
repente una sima, tres años hizo en febrero, y sin rellenarse
encuentra a la hora presente.
»Con esto y lo que se adivina, ya sabe usted de Villavieja casi
tantocomo su muy obligado y afectísimo amigo q. l. b. l. m.
Claudio Fuertes Y León.»
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