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Al Primer Vuelo

cabía ya en ninguna parte, niconcebía otra postura,
relativamente cómoda, que la de las boyas,flotando, la cual era
irrealizable, tan irrealizable como su viaje aEspaña, si Dios no
hacía el milagro de enflaquecerla una tercera partecuando
menos, en lo que faltaba de primavera, para poder embarcarse
enlos primeros meses del verano. Poniéndose en lo peor de lo
probable, eracosa resuelta ya que viniera Nacho solo a conocer a
su familia deEspaña, y a dar, de paso, un vistazo a lo más
importante de los EstadosUnidos y de Europa. Tal era el
proyecto acordado allá, y se realizaría amediados del verano.
También Nacho hablaba de ello a su primita; pero¿en qué
términos?
Esto es lo que deseaba averiguar don Alejandro; porque es de
saberse queNieves, de dos años atrás, no leía a su padre las
cartas que la escribíasu primo, ni tampoco los borradores de las
que ella le escribía a él.Los dos hermanos Bermúdez Peleches
continuaban en perfecto acuerdo sobrecierto plan forjado desde
que los respectivos hijos eran pequeñuelos.Pero ¿conocían los
hijos los proyectos de sus padres? ¿Los tenían porbuenos y los
habían aceptado con gusto? Don Alejandro podía jurar que
desus labios no había salido una palabra dirigida a Nieves, con
intento dedescubrírselos. Su hermana Lucrecia aseguraba lo
propio con relación asu hijo. ¿Sería verdad? Y siéndolo, ¿habría
nacido la misma idea entrelos dos primos, a fuerza de cartearse
y de cambiarse los retratos... opor obra de ciertos diablejos
desocupados que se divierten trayendo yllevando por los aires e
ingiriendo en este oído y en el otro el rumorde las confidencias
más secretas, y hasta el polvillo de lospensamientos mejor
guardados? En su concepto, era llegada la hora, medioanunciada
días atrás a su hija, de tratar con ella de este peliagudocaso. La
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