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Al Primer Vuelo

E digo a usted, ¡carape! que éste es un problema que
marea. Vengan aquítodos los sabihondos de la tierra, y
pruébenme que cabe dentro delsentido común el que un hombre
con barbas se pase media noche en claro,por el disgusto de no
haber subido a Peleches en cuarenta y ocho horas.¡Qué han de
probar? Y mucho menos si yo les digo: «reparen ustedes queel
hombre de mi ejemplo no tiene obligaciones que cumplir allí, ni
debeuna peseta al padre, ni está enamorado de la hija, ni Cristo
que lofundó; que no es más que un tertuliano de la casa y un
amigo que pasea amenudo con los señores de ella, no desde el
principio de los tiempos,sino de dos meses acá; que si no ha
concurrido a las dos últimastertulias del anochecer, es porque a
esas mismas horas ha tenidoocupaciones de importancia en la
botica de su padre, que le da el pan decada día; que ese hombre
jamás ha conocido el mal humor, ni tomado enserio cosa alguna
de tejas abajo y de puertas afuera; que rebosa de viday de salud,
y que nada teme, ni nada debe, ni nada envidia... Porúltimo, ese
hombre existe en carne y hueso; y soy yo, Leto Pérez, elhijo del
boticario de Villavieja, y boticario también.» Y entonces
lossabios me contestarían, por poco sabios que fueran: «pues
Leto Pérez, elhijo del boticario de Villavieja, no tiene sentido
común.» Y no letengo, ¡carape! no le tengo, y a eso iba; pues sí
le tuviera, no mesucedería lo que me sucede; porque a un
hombre de sentido común no puedesucederle eso más que en un
caso, y yo niego ese caso; y no solamente leniego, sino que la
suposición de él me parece el más enorme de losabsurdos, y
además una irreverencia... ¡qué digo irreverencia? unsacrilegio.
De donde se deduce claramente que me quedé corto
cuando,escribiendo al inglés, le dije que entre ser lo que ahora
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