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Al Primer Vuelo

dijo, y cosas de señormayor... porque ya voy subiendo los
cincuenta y cinco arriba, hija delalma, y hay que tenerlo todo
presente a estas alturas, y mirar a muchoslados, por si a lo mejor
se le van a uno los pies... y sanseacabó elviaje de repente,
¡canástoles!
—Vaya—dijo aquí Nieves con un gestecillo muy gracioso—,
hazte elancianito ahora y ponme triste a mí.
—¡Eso sí que fuera una gansada de órdago!—exclamó
Bermúdez formalmenteindignado contra sí mismo—, y sin
maldita la necesidad; porque, hoy porhoy, siento retozarme en el
corazón la vida de los treinta años... Es lapura verdad, créemela
por éstas que son cruces. Dije eso... por decir.
—Pues por decir dije yo lo otro, inocente de Dios,—respondió
Nieves asu padre dándole un beso en la mejilla correspondiente
al ojo huero.
—Pelillos a la mar entonces,—concluyó, casi llorando de
gusto, el buenBermúdez Peleches, y pagando el beso de la hija
con otro muy resonado.
—¿De modo—añadió ésta quedándose delante de la silla que
antes habíaocupado—, que no hay más asuntos que tratar por
ahora entre los dos?
—¿Por qué lo preguntas?
—Porque tengo que hacer en otra parte de la casa... Ya ves tú,
laseñora de ella, y lo mejor del día gastado en conversación...
—¡Canástoles, lo que voy a salir yo ganando con un ama de
gobierno tanhacendosa como tú!... Pues respondiendo a tu
pregunta, digo que no haymás asuntos.
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