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Al Primer Vuelo

andaba sola por las escabrosidades y umbrías de Peleches,
yllegó a vérsela, sola también, por la bahía con el hijo del
boticario,los aspavientos no tuvieron límites, y se indignaron las
mujeres, que,al mismo tiempo, se afanaban por imitarla en el
corte de los vestidos yen la manera de andar.
Bien ciego y bien sordo necesitó estar Leto entonces para no
ver ni oírlo que se hizo y se dijo en Villavieja contra la
«desvergonzadaandaluza, el estúpido Macedonio» (había
cundido el mote, por lo visto),y contra él, contra Leto, «el
majagranzas enfatuado y corruptorescandaloso» de las buenas
costumbres de allí. Porque las Escribanas ylas de Codillo, y
Rufita González, pero principalmente las Escribanas,eran las
que lo cernían en tertulias y en paseos, y las que escupían
demedio lado y se tapaban las narices en mitad de la calle en
cuanto oíannombrar a los Bermúdez o cosa que les perteneciera;
lo que no impedíaque cuando los tenían delante se despepitaran
buscándoles el saludo.
La Escribana mayor, que tenía, por lo visto, sus motivos
particularespara ir a la cabeza de aquella conjuración de mujeres
y de mozuelosdesocupados (porque de aquí no pasó la riada),
pescó un día a tiro aMaravillas y le dijo que no tendrían agallas
ni pundonor él y cuantoscon él andaban en el fregado de un
periódico en letras de molde, si nole echaban cuanto antes a la
calle, pero lleno de metralla contraciertos malos ejemplos que
corrompían las honestas costumbres de ciertospueblos honrados,
y contra los traidores escandalosos que ayudaban a losde fuera
en la corrupción de los propios. Maravillas cantó sus
ansiascivilizadoras y sus «convicciones positivistas», en
demostración de susgrandes deseos de complacer a la Escribana;
pero a renglón seguidoexpuso las dificultades viles y mecánicas
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