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Al Primer Vuelo

usted lo que influyen en el aspecto delas cosas la distancia, la
clase y el punto de la luz que las ilumina.«Al fin», me digo yo
en estos casos, «la largueza de mi incomparableamigo halló su
merecido premio; ya tiene la joya un empleo digno de sugran
valor.» Y entonces, amigo mío, no me remuerde la conciencia
por serdueño de lo que no merezco, y hasta me felicito de no
haber opuestomayores resistencias que las que opuse a la
rumbosa dádiva de usted.¡Bien empleada está ahora! Así me la
conserve Dios muchos años.
»Pero a todo esto, ¿hago yo bien o mal en entretenerle a usted
con estasfantasías que me tienen como niño con zapatos
nuevos? ¿Qué juicioformará usted de ellas y de mí? Por el amor
de Dios, no se ría, yconsidere que estando obligado a referirle
los sucesos, como se los hereferido al principio de la carta, no
podía dejarlos sin la salsa de loque añado al relato, so pena de
quedar usted sumido en más hondasconfusiones, o de tomarme
por un solemnísimo embustero; porque,verdaderamente, el caso
de arriba resultaría increíble sin laexplicación de abajo, para
todo el que me haya conocido como usted meconoció. Lo que a
mí me ha faltado, y de aquí nacen mis temores, sonuñas para
arrancar de mis adentros la entraña del asunto, tan limpia
deadherencias y piltrafas, que llegara usted a verle con la misma
claridadque yo le veo. ¡Ay, carape! como yo tuviera esas uñas
metafísicas, ¡quécolores le hubieran resultado al cuadro ese y
qué tranquila estaríaahora mi conciencia de narrador! Pero es lo
que sucede siempre: pasanlas cosas; va usted sintiéndolas y
estimándolas una a una, yconfiándolas de igual modo al
dictamen o al afecto del amigo, y todasellas van pareciendo
naturales y corrientes, y ordenándose yacomodándose sin
reparos, ni asombros ni aspavientos de nadie; perodevórelas
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