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Al Primer Vuelo

acuerdo ni de la Virgen de tu nombre. Pues ahí está, Virtudes
demi alma, tu grandísima equivocación: en suponer que yo me
aburro en estasoledad ni poco ni mucho, ni siquiera un solo
instante. Lejos deaburrirme, son tantas las distracciones que
tengo, que me falta tiempopara todo, hasta para escribirte;
solamente me sobra para conocer mipecado y sentir sus
mordeduras en la conciencia. ¡Esta sí que es la puraverdad!
»Hoy, no porque está el día lluvioso y no se puede salir, sino
porque yalo tenía decidido con toda resolución, te voy a
consagrar la mañanaentera, y aun la tarde, si fuere menester,
para escribirte una carta quevalga por todas las que te debo, y un
poquito más a cuenta de lasposibles faltas sucesivas; porque ya
sabes que somos pecadoras y quecaemos a cada paso, por
mucho cuidado que pongamos al andar.
»Pues verás tú, Virtudes, lo que pasa: yo sabía lo que era
Peleches porlo que había oído a papá: un lugar muy alto y
despejado, y en lo másllano de él, nuestra casa, la única casa en
todo Peleches, con grandesvistas a la mar y hermosos campos
por los otros lados: lo que a mí megusta sobre todas las cosas
del mundo, como tú sabes muy bien; pero,amiga de mi alma,
¡qué diferencia de lo pintado a lo vivo! Maravilladame quedé al
ver con mis propios ojos el incomparable panorama que papáme
fue enseñando desde los balcones de esta casa al día siguiente
dellegar, de noche y obscura como boca de lobo; de manera que
todo cuantoiba viendo aquella madrugada, era nuevo para mí.
¡Qué mar! ¡qué montes!¡qué vega! ¡qué puerto! No me cansaba
de contemplarlo, ni me canso hoy,ni me cansaría jamás, aunque
me pasara la vida contemplándolo.
»Por aquí, no me había engañado la ilusión: para pintar, para
pasearmepor mar y por tierra, para sentir, para soñar... para todo
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