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Al Primer Vuelo

Leto se alegró en el alma de que la noche fuera tan obscura
como era,porque así no se desvirtuaría la sinceridad de la
respuesta con lasofoquina que le había causado lo extraño de la
pregunta.
—Me puse como usted dice—contestó sencillamente—,
porque, de untiempo acá, le ha dado a ese culebrón de fiscal por
embromarme con lamayor de las tres, sin maldito el
fundamento; y ya sabe usted lo que soyen determinadas
apreturas.
—Como coincidió lo de la sofoquina de usted—repuso Nieves
abanicándosemucho—, con el hallazgo del clavel en el álbum...
Leto soltó una risotada; y enseguida dijo a Nieves:
—Gracias por el favor que usted me hacía.
—Hombre—replicó la sevillana—, sería un gusto como otro
cualquiera:para mí todos son respetables. Pero, en fin, más vale
que mintieran lossíntomas; porque verdaderamente... no era de
envidiar el gusto ese... Ya otra cosa: mañana no, porque estaré
ocupada en casa; pero pasadomañana ¿podríamos dar otro
paseíto en el yacht?...
—Ya sabe usted que está enteramente a sus órdenes.
—¡Cómo me gusta eso, Leto!... Cada día más... Pero, hombre,
¿cuándoharemos una escapadita afuera?
—Pues la haremos un día que esté la mar a propósito y no
vaya donAlejandro, que tras de marearse, no tiene los ánimos de
usted.
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