Not a member?     Existing members login below:

Al Primer Vuelo

esperarla un buen rato en la sala,que era pequeñita, como toda la
casa desde el portal, y vieja, porsupuesto, con puertas
acuarteronadas, cerraduras y pestillos enormes, yvidrios muy
chiquitines, donde los había. Se llenaba la salita, que noestaba
sucia propiamente, con cinco sillas y un sofá de paja;
unaconsola con su espejillo encima, dos floreros y el retrato de
Nacho, dela misma edición que el que tenía Nieves; un
veladorcito en el centrocon tapete de crochet; seis litografías
con marco enchapado de caoba,en las paredes, y tres felpudos de
colores en el suelo. Nada decielorraso. En Villavieja apenas se
conocía ese lujo ni aun en las casasmás pudientes: el maderaje
descubierto, con un par de lechadas o dosmanos de una tierra
amarilla que abundaba en un covachón de la sierra.
La vivienda de las Escribanas era mucho mayor y hasta mucho
más vieja.Se entraba por un portal obscuro, con gallinero y
todos sus accesorios yconsecuencias. La escalera tenía dos
tramos solos: el primero y máscorto, de asperón desgastado por
el uso; el segundo, que descargaba enel piso, de tablones de
encina, negros y revirados ya de puro viejos. Lasala de recibir
era ancha y larga, pero baja de techo, y ésteembadurnado de
amarillo. Tenía dos alcobas y un gabinete; las puertas,macizas
también y de abultado herraje; y como allí «se daban»
reuniones,abundaban las sillas más que en casa de Rufita
González, y aun habíaalgunas de tapicería de lana; las alfombras
eran de fieltro; se contabanhasta cuatro rinconeras con baratijas
del bazar de Periquet, y sobre laconsola, amén de los clásicos
floreros con fanal y un relojillo debronce que no andaba años
hacía, más baratijas valencianas y muchoscaracoles y cascaritas
de la playa. Debajo de la consola una guitarra, acuyos sones,
arrancados por las uñas de la Escribana mayor o de dos«chicos»
Remove