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Al Primer Vuelo

de lasvalentías de su barco. Entonces, como pintando, era un
artista completo,por su modo de ver, de sentir y de expresarlo.
Hasta su aspecto era otromás gallardo y lucido que el del Leto
que se vestía la americana en elCasino atropelladamente, o
arrojaba al suelo el clavel que ella habíatenido en la boca, por no
atreverse a guardarle, no por menosprecioseguramente (¡qué
inocente!... sería hasta capaz de creer que ella no lohabía
notado), o la daba el brazo, deslavazado y torpote, en la salitade
su casa y en la escalera del muelle. Guapo era entonces también,
esosí, porque como guapo y buen mozo, lo era siempre; pero sin
eldesembarazo y la esbeltez varonil que le daban el olvido de sí
propio yel calor y fortaleza de sus convicciones y entusiasmos.
Por eso, dondemás lucía era gobernando su yacht: le había
llamado a ella variasveces la atención aquella tarde. ¡Qué
actitudes tan hermosas tomaba enlos momentos de mayor
cuidado! Bien decía don Adrián que el balandro erala borrachera
de su hijo... Como Nieves había tratado a muy pocoshombres y
a esos pocos muy superficialmente, no se atrevía a asegurar
siabundaban los que se componían de elementos tan
incongruentes como losde Leto; pero abundaran o no, no podía
dudar ella que Leto era un mozomuy raro... Por supuesto, que
hablando de él con su padre, con el deNieves, no le había
comunicado todas estas observaciones, porque no leparecieran
demasiado y la llamara reparona... De todas maneras, raro ono
raro, guapo o feo, que esto la tenía a ella sin cuidado, Leto
habíasido una gran adquisición, porque era un estuche de cosas,
cabalmente delas que más le gustaban a ella; y era preciso
conservarle y sacar de éltodo el partido posible... Era de creer
que con la frecuencia del tratofuera él adquiriendo mayor
confianza en sí mismo; y de este modo, lo queen aquellos
momentos le parecería al pobre chico carga pesada tal vez,por
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